Con el septiembre vuelve, para una gran mayoría, la rutina. Toca volver al trabajo, volver a los estudios, volver al cole…” volver al pie del cañón”. ¿Te has fijado en esta expresión? Las frases hechas son muy reveladoras. Volver al “pie del cañón” sugiere que se trata de una guerra, implica lucha, o, al menos, defensa y tensión.
Visto así no es de extrañar que muchas personas vivan esta vuelta con angustia. Se conforman con resignación porque “no hay otra”. Se habla de depresión postvacacional.
Otr@s viven la vuelta con más ilusión, como un nuevo comienzo: “empieza un nuevo curso!”, “vamos para allá»!”
Lo que las dos actitudes tienen en común es que hay algo para alcanzar. En la actitud “negativa” hay que conseguir ponerse a salvo; en la actitud “positiva” hay que ponerse en marcha para alcanzar esa nueva meta que te has puesto para el nuevo curso.
Aunque diferente, en las dos actitudes hay una “zanahoria” delante tuyo que te promete más bienestar. Se trata de unos objetivos; y los objetivos, por definición, siempre están en el futuro.
¿Dónde está la trampa que nos hace sufrir?
La trampa está en la mente. La trampa está en creer (inconscientemente) que este momento no es suficientemente bueno tal como es. En lugar de quedarte aquí tranquilamente con lo que trae este momento, es como si fuese necesario salir de él para obtener algo mejor.
La trampa está en que te sales constantemente del momento presente. Lo haces a través de tu actividad mental:
1. Sobrepensando el pasado. En positivo podría sonar como “ay, qué bonitas fueron las vacaciones” o en negativo “ay, debería haberme atrevido a hablar con aquella persona”
2. Sobrepensando el futuro, haciéndonos ilusiones irrealistas “para navidades ya hablaré inglés perfecto” o temiéndolo “y si mi jefe no me aumenta el sueldo”
¡Claro que no es malo pensar, pero no te quedes enredad@ en el bucle de sobrepensar!
¿Cómo salir de la trampa?
Sales de la trampa al vivir (más a menudo) en el presente. ¿Cómo se hace eso? Conecta a través de tus sentidos con la situación real que estás viviendo. Date cuenta qué ves, qué escuchas, qué sientes. Tranquilamente. Ves aquel árbol o aquel coche. Escuchas aquel pajarito o aquellas personas hablando. Sientes una ligera brisa sobre tu piel. Simplemente observa. Sin intervenir. Sin pensar siquiera. La vida ya está siendo. Sin necesidad de que tú la pienses.
Otra manera de conectar con el momento presente es poner tu atención hacia dentro. Fíjate, por ejemplo, en tu respiración. Cierra un momento los ojos y siente la respiración. O siente los pies en el suelo. Tu cuerpo es un ancla; siempre está en el momento presente, no puede ir a otro sitio. Y es tu gran aliado para salir de la “trampa” del sobrepensar continuo de la mente.
